Hay palabras que
duermen
caminan
brincan
una o dos veces por semana
algunas se van y ya no regresan
reviven en sus sonidos
cuando encaran a quien las ignora
cuando expulsan su acidez o
maquillan la bruma con dulzura.
Hay palabras que se reiteran
que gritan cuando las colma el miedo
que se resisten a vivir entre puntos suspensivos...
algunas brotan y circundan
la sala
el cuarto
la cocina
hasta que se van por la ventana.
Hay palabras que alivian
que superan el consuelo
que recuerdan el abrazo
o esa sonrisa lejana
libre
sin paréntesis de tela
mientras aguardan su turno
sentadas, hojeando una revista.
Hay palabras que vuelven
en la noche
cuando calienta la almohada y
gotean
tinta
sonidos
sobre el breve tamiz
del alma que garúa
lenta
cada mañana.
Esas son las que quedan
las que atrapamos y
si no tenemos cuidado
se nos olvidan.
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